Durante una tormenta, cuando un rayo cae sobre un árbol, no siempre provoca un fuego inmediato. Hay veces en que el árbol no comienza a arder hasta pasadas varias horas o incluso días. A este fenómeno se le denomina “rayo latente”.

El rayo impacta en el árbol y no se mantiene en forma de corriente eléctrica, si no que entra por el interior de éste hasta llegar a las raíces. Esto puede ocurrir debido a una humedad relativamente alta en el ambiente.

Tras el impacto, comienza un proceso de combustión interna muy lenta, detectable sólo mediante cámaras térmicas. Este proceso puede prolongarse durante horas o incluso días hasta que, sin previo aviso, el árbol comienza a arder cuando las condiciones climatológicas, como la humedad o el viento, cambian. El fuego se desencadena porque el oxígeno entra a través de cualquier ranura y alimenta las brasas generadas durante ese tiempo. Si, además de esto, hay viento fuerte, es cuando la catástrofe está asegurada.

Estas condiciones climatológicas conectadas, que hacen imparable un incendio, es lo que los expertos denominan “Regla de los tres 30”: 30ºC de temperatura, viento de más de 30km/h y humedad ambiental por debajo del 30%.

Un porcentaje del 5% de incendios se producen por causas meramente naturales, como el fenómeno del “rayo latente”. Este fue, probablemente,  el origen del incendio declarado el pasado mes de Junio en Gátova (Valencia, España) que afectó a más de 1.300 hectáreas de superficie, de las cuales 360 se encontraban dentro del perímetro del espacio natural protegido.