El término “fulguritas” proviene de “fulgur”, que equivale a la palabra rayo en latín.

Las fulguritas o “rayos petrificados” son rocas metamórficas compuestas por sílice vitrificada en forma de cilindro alargado. Estas se crean cuando un rayo choca contra un suelo arenoso y se extiende por la arena de cuarzo derritiendo y vitrificando los granos.

Este proceso es posible por las elevadas temperaturas que se alcanzan en el momento del impacto del rayo.

Cuando se produce el choque, la arena y la tierra se vaporizan y el rayo penetra en la tierra bifurcándose. La temperatura del silicio alcanza los 50.000ºC, generando tubos huecos de cristal de entre 2 y 50mm de diámetro.

La gran cantidad de energía concentrada sobre el punto del impacto, hace que la roca y la arena fundida se eleven siguiendo el canal del rayo. Esto genera maravillosas formaciones de vidrio hueco, conocidas como fulguritas.

El color de las fulguritas depende de la composición del suelo y de las impurezas químicas del mismo. Generalmente, son de diferentes tonos grises, aunque pueden ser de color verdoso e incluso tomar un aspecto rojizo o blanco.

David Hermann efectuó el primer descubrimiento documentado de una fulgurita en Alemania en 1706. Desde aquella época se han hallado fulguritas en casi todo el mundo, incluso en zonas como El Sahara donde, actualmente, no se producen apenas impactos de rayo. Esto nos confirma que en tiempos prehistóricos, las condiciones medioambientales eran muy diferentes a las de hoy en día.